Por qué muchas exconsagradas tardan años en denunciar

Por qué muchas exconsagradas tardan años en denunciar Extramuros

Muchas exconsagradas tardan años en denunciar las situaciones que las llevaron a abandonar la vida religiosa. Las razones de este silencio suelen ser profundas y complejas, y en muchos casos requieren acompañamiento profesional para que cada una de ellas pueda comprender, procesar y narrar aquello que vivieron en primera persona. 

 

Por qué muchas exconsagradas tardan años en denunciar

En Extramuros sabemos que muchas exreligiosas tardan años en hablar públicamente de los motivos que provocaron su paso de la vida religiosa a la vida laica. Esta situación suele responder a una combinación de factores psicológicos, sociales, espirituales y materiales

Esto no significa que todas estas personas hayan vivido abusos.  Sin embargo, muchas sí vivieron situaciones dolorosas que dejaron una huella profunda y generaron un prolongado silencio. 

Con frecuencia, las exconsagradas solo consiguen hablar de lo sucedido cuando coinciden tres elementos fundamentales en sus vidas: seguridad emocional, estabilidad material y un lenguaje adecuado para explicar lo vivido.

 

Las exconsagradas necesitan tiempo para entender lo que vivieron

Cuando una persona pasa años dentro de una institución muy estructurada —como es el caso de las congregaciones religiosas—, muchas dinámicas terminan normalizándose. Por ello, suele ser necesaria una cierta distancia para reconocer comportamientos relacionados con el control excesivo, la manipulación emocional, la culpabilización, el aislamiento, la dependencia afectiva o el desgaste psicológico.

En muchos casos, las exconsagradas no identifican estas experiencias hasta años después de abandonar la vida religiosa.

 

Culpa religiosa y conflicto espiritual tras abandonar la vida religiosa

Las exconsagradas suelen atravesar una etapa especialmente delicada después de abandonar la vida religiosa. Se enfrentan a contradicciones internas y sentimientos difíciles de gestionar.

No debemos olvidar que muchas ingresaron en una congregación religiosa movidas por una fe sincera y una auténtica vocación. Por ello, cuando deciden marcharse, pueden sentir que contar lo ocurrido supone traicionar a Dios, atacar a la Iglesia, ser desleales con sus antiguas hermanas o incluso cuestionar una etapa fundamental de sus vidas.

Este conflicto interno  puede impedir que muchas exconsagradas denuncien o hablen públicamente durante años. 

A esto se suma el temor a no ser creídas. No es extraño que tengan que enfrentarse a comentarios como: «Eso no pudo pasar», «Exageras», «Estás resentida» o «Si era tan malo, ¿por qué te quedaste?».

Además, muchas exreligiosas deben afrontar una imagen social idealizada de la vida religiosa, que asocia a las religiosas con la virtud, la entrega y el sacrificio. Una percepción que dificulta que determinados testimonios sean escuchados y comprendidos.

 

Trauma, abuso espiritual y memoria fragmentada

Cuando una persona ha atravesado situaciones de ansiedad, humillación o abuso espiritual, el cerebro no siempre procesa los acontecimientos de forma lineal.

Por esta razón, algunas exconsagradas tardan años en reconstruir los hechos y explicarlos con claridad. En ocasiones recuerdan primero episodios aislados y solo tiempo después consiguen comprender el conjunto de la experiencia. 

Es entonces cuando pueden construir un relato coherente y sentirse preparadas para denunciar o compartir públicamente lo sucedido.

Trauma, abuso espiritual y memoria fragmentada

 

La dependencia material dificulta que las exconsagradas denuncien

Otro factor importante es la situación material en la que muchas exconsagradas abandonan la vida religiosa.

Algunas salen sin ahorros, sin una vivienda estable, sin experiencia laboral reciente y con una red social muy limitada fuera de la congregación religiosa.

En esta etapa, la prioridad es reconstruir la propia vida, encontrar estabilidad económica y garantizar la supervivencia. Denunciar públicamente pasa a un segundo plano.

Por ello, muchas exconsagradas necesitan primero recuperar su autonomía antes de plantearse hablar sobre su experiencia.

 

Pérdida de identidad después de salir de una congregación religiosa 

Muchas exconsagradas han pasado décadas siendo «sor X», formando parte de una comunidad y viviendo bajo unas normas y una misión concretas.

Cuando abandonan la vida religiosa deben reconstruir gran parte de su identidad personal. Necesitan recuperar su espacio propio, establecer nuevas relaciones, desarrollar una trayectoria profesional, fortalecer su autoestima y redefinir el sentido de su vida.

Hasta alcanzar cierta estabilidad emocional y personal, hablar públicamente sobre su experiencia puede resultar extremadamente difícil.

 

Lealtades afectivas complejas

Aunque una exconsagrada haya sufrido daño dentro de una congregación religiosa, también puede conservar recuerdos positivos, vínculos afectivos sinceros y cariño hacia personas que permanecen en la institución.

Esta realidad genera una profunda ambivalencia emocional. Muchas personas temen que denunciar determinadas situaciones pueda perjudicar a religiosas a las que aprecian o respetan.

Temor a consecuencias sociales al denunciar

El miedo a las consecuencias sociales es otro de los motivos por los que muchas exconsagradas tardan años en denunciar.

Esta situación puede ser especialmente intensa en entornos religiosos, donde algunas personas se enfrentan a rumores, rechazo comunitario, conflictos familiares o dificultades laborales y sociales derivadas de su decisión de abandonar la vida religiosa.

Todo ello refuerza el deseo de guardar silencio y evitar la exposición pública.

 

Falta de lenguaje para explicar lo vivido

Conceptos como abuso espiritual, coerción psicológica, gaslighting o dependencia institucional se han popularizado en los últimos años.

Sin embargo, muchas exconsagradas llevaban décadas experimentando estas situaciones sin disponer de las palabras necesarias para identificarlas y explicarlas.

Hoy existe un lenguaje más preciso para comprender determinadas dinámicas que pueden producirse dentro de algunas instituciones religiosas. Esto facilita que las exconsagradas puedan nombrar lo que vivieron, compartir su experiencia y buscar ayuda.

También contribuye a visibilizar una realidad que durante mucho tiempo ha permanecido oculta para gran parte de la sociedad.

 

Un matiz importante

No todas las exconsagradas o exmonjas guardan silencio porque hayan sufrido un trauma, abuso espiritual o experiencias negativas dentro de su congregación religiosa.

Algunas abandonaron la vida religiosa de forma serena y continúan con su vida privada sin interés en hacer pública su experiencia.

Cada historia es diferente.

Sin embargo, muchas exconsagradas tardan años en hablar o denunciar porque antes necesitan sanar, comprender lo ocurrido, reconstruirse y sentirse seguras.

Por eso es fundamental acompañarlas durante este proceso, respetar sus tiempos y ofrecerles las herramientas necesarias para que puedan expresar aquello que vivieron.

Esta es la labor que realizamos en Extramuros.

 

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