Las muestras de gratitud que llegan desde distintos lugares no son solo agradecimientos: son la huella de una labor discreta que transforma vidas y construye futuro.
«Me alegra esta iniciativa. Yo estuve en las capuchinas y lo dejé. Adaptarse luego es una tarea ardua y que todos te miran mal, hasta los párrocos. Bendiciones».
«Mil gracias por existir».
«En 1970 a la edad de diecisiete años entré en el noviciado de las religiosas hermanas de Nuestra Señora de la Consolación. Terminado el juniorado me mandaron a una comunidad donde la más joven de mis hermanas me doblaba la edad y donde se seguían las costumbres de antes del Concilio. Pensé que la equivocada era yo, que la vida real era esta y lo mío eran sueños de juventud. Fui cayendo poco a poco en una profunda depresión y al cabo de un año me echaron fuera de la congregación con mi depresión a cuestas. Intenté ponerme en contacto con mis antiguas compañeras y fue completamente imposible. No sé cómo pude salir adelante, pero trauma escondido todavía me queda. Ojalá te hubiera conocido antes. Haces una extraordinaria labor. Sigue aportando tu ayuda y muchísimas gracias por lo que haces».
«Les escribo desde Argentina y me parece sumamente importante y necesaria la tarea que desarrollan. Sigan adelante, me encanta lo que hacen».
«Gracias por ayudar, hay personas que no salen por miedo a la vida».
«¡Qué grande tu empatía y que precioso tu trabajo Hortensia! Desde Argentina un abrazo».
«Qué valiente mujer… Son este tipo de personas las que me hacen no perder la fe… al contrario de lo que algunos miembros de la Iglesia piensan, son este tipo de personas las que inspiran a personas como yo a querer acercarse a Dios. Dios la bendiga».
«Gracias Hortensia por toda la tarea que impulsan mediante la Asociación Extramuros. Más que una entrevista es un diálogo profundo que refleja una dolorosa realidad que hemos vivido muchas personas que por diversas razones hemos tenido que dejar la vida religiosa. Como dice Carla, muchas personas vivimos cosas parecidas».
«Me pone muy feliz que exista esta asociación. Yo fui carmelita doce años, y ahora estoy casada. Es difícil».
«Es realmente duro el tener que volver a comenzar dejando a un lado tus sueños, lo que pensabas que daba el sentido de tu vida. Saludos fraternos».
«Dios os bendiga».