Raúl Solís, en un artículo publicado por Diario Red, nos habla sobre el abuso de poder y de conciencia en la vida religiosa femenina.
«Afortunadamente, los abusos sexuales ya no son un tabú en el seno de la Iglesia, pero el abuso de poder y de conciencia, que afecta sobre todo a las mujeres religiosas que viven en clausura, sí lo sigue siendo. Ni siquiera existen protocolos de actuación para prevenirlos o para que las víctimas puedan encontrar cauces de salvación si los sufren».
«Las órdenes religiosas lo ocultan porque, como pasó al principio con las denuncias de abusos sexuales, piensan que las denunciantes están mancillando el buen nombre de sus comunidades y congregaciones. Los movimientos civiles, mayoritariamente agnósticos o ateos, miran para otro lado porque la vida religiosa no forma parte de su campo de acción. Mientras tanto, cientos de mujeres y algunos hombres esperan que la Iglesia Católica se tome en serio los abusos de poder y de conciencia, aunque sea, al menos, en agradecimiento a gente que entregó ingenuamente su vida a un ideal y lo que encontraron fue un cautiverio en nombre de Dios».
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