Mildred, de monja de clausura en Extremadura a indigente en Baleares: «La superiora me decía que si me iba, acabaría de prostituta».
El Vaticano lleva décadas advirtiendo contra la importación de novicias extranjeras para apuntalar conventos sin vocaciones.
El Mundo publica un interesante artículo sobre Mildred Anyango Were Ouma, una keniana de Matungu, que soñaba con ser monja de vida activa (maestra o enfermera). Un sacerdote de un grupo carismático la animó a viajar a España, pero no le dijo que el convento de Santa Clara en Zafra (Extremadura), al que llegó en marzo de 2004 con 33 años, era de clausura. Allí pasó casi seis años, con apenas dos salidas al médico, sin poder hablar libremente y con críticas por su español y por no poder comer de todo debido a sus alergias. Tras años como aspirante, postulante y novicia, la abadesa le denegó repetidamente la profesión y la etiquetó de «novicia rebelde».
Cuando decidió marcharse, la reacción de la abadesa fue furibunda. «Me dijo: Serás prostituta y cuando vuelvas no te cogeremos».
Hoy Mildred trabaja como auxiliar de enfermería en el Hospital Mater Misericordiae, en Palma de Mallorca. Conserva su vocación y ha rechazado propuestas de matrimonio. Abandonó la clausura, pero encontró en el Ordo virginum una forma de consagración que le permite vivir en su casa, trabajar y estar inserta en la sociedad, con votos públicos de castidad, oración y servicio.
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https://www.elmundo.es/cronica/2026/10/08/6abe5a0afdddffcd4e8b459a.html