José Manuel Gómez es dietista-nutricionista, con estudios universitarios en Nutrición Humana y Dietética y más de veinte años de experiencia.
En esta ocasión he querido entrevistar a un nutricionista, pues gran parte de las personas consagradas están acostumbradas a comer lo que les ponen por delante, sin tener ocasión de elegir. Al dejar la vida religiosa, el exconsagrado se encuentra con la necesidad de empezar a decidir qué alimentos debe tomar. Esta acción tan cotidiana y prosaica, puede ser causa de inseguridad y ansiedad.
No olvidemos que muchas de estas personas atraviesan una crisis profunda e incluso una depresión. Decidir qué comer forma parte de un proceso mucho más amplio de toma de decisiones totalmente nuevas para ellas. A esto se suma el hecho de que deben comenzar a administrar su propia economía.
- Para empezar, ¿podrías explicarnos qué es un nutricionista?
Un dietista-nutricionista es un profesional sanitario con estudios universitarios experto en la alimentación para todos los grupos poblacionales, tanto en un estado de salud como en cualquier patología, en todos los ciclos vitales de la vida (embarazo, lactancia, infancia, adolescencia, adultez y vejez), la restauración colectiva (comedores escolares, catering), en la investigación, la industria alimentaria y la docencia.
No solo vamos a encontrar a un nutricionista en una consulta.
- ¿Qué funciones realiza un dietista-nutricionista?
Lo primero, mejorar la calidad de vida y de salud de las personas. Asesorarlos y acompañarlos para tomar buenas decisiones, en un mundo en el que la industria alimentaria (multipresente), la publicidad y los bulos por parte de algunas personas en las redes sociales (muchos de ellos sin la titulación competente) han surgido como una auténtica explosión de desinformación en los últimos años.
En numerosas enfermedades ―tales como diabetes, insuficiencia renal, obesidad, enfermedades digestivas, algunos tipos de cáncer, gota, enfermedades cardiovasculares, etc.― la alimentación es imprescindible tanto para tratar como para frenar la progresión de la patología. Incluso para prevenir las comorbilidades que pueden derivarse de cada una de ellas y complicarlo.
- ¿Qué es lo que le dices a una persona cuando entra en tu consulta por primera vez?
«¿En qué puedo ayudarte?». La escucha activa es fundamental, cada persona tiene su historia, sus problemas, sus inconvenientes, sus creencias y sus propios sesgos.
Pienso que el buen nutricionista es el que entra en la vida del cliente/paciente en el buen sentido. Cuanta más información, mejor asesoramiento por parte del profesional y también mejor adherencia.
Fijamos juntos unos objetivos. Todo mi énfasis es que aprendan mucho, no solo sobre la alimentación, me gusta que sepan el porqué de las cosas, las decisiones que toman, etc.
La alimentación en la vida social es un escenario en el que hay que aprender a manejarse y también forma parte del asesoramiento. Escenario nuevo en el que las monjas que abandonan el convento tendrán que desenvolverse.
- En la vida consagrada, en general, no se suele dar importancia a una buena alimentación. Una de las causas es la ponderación de la mortificación, la penitencia y la templanza, entendida esta como la capacidad de moderar los deseos, impulsos y placeres para que no dominen a la persona, sino que estén al servicio de una vida buena y consciente. Nada de esto es contrario a una alimentación saludable. ¿Qué nos dices sobre ello?
Efectivamente, eso es llevarlo al extremo. La alimentación es una necesidad vital y fisiológica, indispensable para la salud y el buen funcionamiento del organismo humano. De ahí a relacionarlo con la mortificación y el dolor solo nos puede llevar a tener una mala relación con la comida, es decir, con algo que es completamente natural.
Poseemos cinco sentidos para ponerlos a disposición de múltiples alimentos que nos ofrece la naturaleza en cada estación, aprovecharlos y alimentarnos con ellos. Creo que tenemos la obligación de nutrirnos bien y de cuidar el cuerpo en el que habitamos, el castigo en ese aspecto sería todo lo contrario.
- Otro factor a tener en cuenta son los bancos de alimento, que donan comida a los conventos en grandes cantidades, muchas veces caducadas, productos no perecederos en su mayoría, alimentos procesados y gran cantidad de dulces industriales, que no conforman una dieta equilibrada. Esto altera en gran medida la alimentación.
El exconsagrado arrastra estos hábitos y se encuentra ahora en un proceso de adaptación a una nueva vida que, en más de una ocasión, debe afrontar solo. La toma de decisiones es además fundamental para mejorar su autoestima y para superar la inseguridad que padece. ¿Qué consejos le darías a la hora de elegir los alimentos?
Entiendo lo que dices, es importante que sepan discernir entre las acotadas posibilidades que les ofrecían en el convento, la estigmatización de la comida de la que hablábamos y el mundo que se abre ahora ante ellas.
Date cuenta de que el acto de comer es una de las decisiones que más veces tomamos al día, todos los días.
Que no se dejen llevar por el «hay que comer de todo», no. En el siglo XXI, con la fuerza y la presencia que tiene la industria alimentaria, no podemos dar ese mensaje porque claramente no estaríamos bien alimentados. Imagínate si les decimos que entren en un supermercado y compren un poco de todo, no sería una buena decisión. Al hilo de esto, que prioricen alimentos frescos y de temporada sobre productos procesados y ultra procesados. Presencia de verduras y frutas todos los días. Legumbres y huevos varias veces por semana, pescados blancos y azules por encima del consumo de carnes, así como una buena hidratación con agua como bebida de referencia.
Es decir, más alimentos y menos productos y comidas preparadas.
- Por último, está el desprecio del cuerpo, que surge cuando este se percibe como obstáculo.
En los conventos en los que yo he estado (carmelitas descalzas del 90) el cuerpo era visto como cárcel del alma y fuente de corrupción. Esta no es, sin embargo, la visión de santa Teresa de Jesús, fundadora del Carmelo Descalzo. Además, somos personas: cuerpo y alma. El cuerpo no es enemigo del alma, muy al contrario, es a través del cuerpo que el alma ama y es amada.
Existe, además, un mandamiento que prohíbe matar, por lo tanto, debemos cuidar de nuestro cuerpo por deseo divino.
Los nutricionistas brindáis información y asesoramiento sobre los alimentos para promover la salud y el bienestar. En nuestra asociación tenemos como objetivo velar por el bienestar integral de todas aquellas personas que han pasado por la vida religiosa. ¿Qué hábitos alimentarios saludables nos recomendarías a todos?
Fíjate que la palabra dieta, etimológicamente significa «modo de vida» o «estilo de vida», en donde la alimentación forma la piedra angular, pero no únicamente, tenemos un cuerpo para moverlo y ejercitarlo, el movimiento es salud. Otro aspecto que en el convento lo tenían infinitamente más reducido y ahora pueden explorar.
Como consejos generales les diría que se pregunten: «¿Qué voy a comer?, ¿verduras con qué?». Son imprescindibles. Con legumbres, pescados, huevos, patatas, carne, lácteos: las verduras deben acompañar cada plato.
Somos lo que comemos y bebemos. Y lo que no comemos, también.
Otro aspecto importante: hay que cocinar. Las grandes cadenas de comida rápida y a domicilio han inundado las ciudades y tenemos una de las mejores gastronomías del mundo como para darle de lado.
Por último, Hortensia, no quiero terminar sin felicitarte por tu generosidad con tus compañeras y la importante labor que realizas.